El muro de Bahir Dar separa lo mundano de lo divino. Es el muro de la iglesia ortodoxa más importante de la ciudad, como si dijeramos, de la catedral de Bahir Dar. A lo largo de este muro se extienden tenderetes de estampitas religiosas y misales, los viandantes se paran a santiguarse y rezar, y los mendigos se amontonan.
Las puertas de las iglesias suelen ser lugares donde se pide dinero, pero esta puerta es algo más, es un reflejo de la realidad social demasiado incómoda de Etiopía. Los mendigos son niños huérfanos, ciegos, mujeres con sus bebés, ancianos y enfermos en general. Algunos de ellos enfermos mentales. Claro que, si hubiera cobertura social no tendrían que estar ahí, y el hombre del jersey morado en la época de lluvias y desnudo en la época seca tendría su medicación y no esperaría con la mirada perdida a no se sabe qué. Los niños, que lo más seguro no tienen familia, vivirían rodeados de trabajadores sociales, los ciegos irían a un colegio público y tendrían el currículum adaptado...
Pero todo eso aquí no pasa, casi nadie paga impuestos y los pocos adelantos en bienestar social casi siempre están respaldados por la ayuda internacional (colegios públicos, hospitales, antipalúdicos, antiretrovirales, carreteras, etc.).
El otro día visité el hospital regional de Amhara, un hospital público para veinte millones de personas. En otras ciudades hay centros de salud (donde, si tenemos suerte encontraremos enfermeros, difícilmente médicos) y en los pueblos hay puestos sanitarios en los que encontramos agentes de extensión sanitaria (personas sin apenas formación que hacen pruebas rápidas del Sida y de la Malaria). El hospital regional tiene un quirófano, varias salas donde se ingresa tanto niños como adultos, consultas externas y un centro de VIH-SIDA. Y ya está. Para veinte millones.
En Valencia se han gastado nosecuántos (ni quiero saberlo) millones de Euros en una nueva "Fe" de diseño innovador y pasillos acristalados. Aquí no hay hospitales para todos. No sé que decir. Así se queda esta entrada. Sólo nos queda pararnos, santiguarnos y rezar.
Las puertas de las iglesias suelen ser lugares donde se pide dinero, pero esta puerta es algo más, es un reflejo de la realidad social demasiado incómoda de Etiopía. Los mendigos son niños huérfanos, ciegos, mujeres con sus bebés, ancianos y enfermos en general. Algunos de ellos enfermos mentales. Claro que, si hubiera cobertura social no tendrían que estar ahí, y el hombre del jersey morado en la época de lluvias y desnudo en la época seca tendría su medicación y no esperaría con la mirada perdida a no se sabe qué. Los niños, que lo más seguro no tienen familia, vivirían rodeados de trabajadores sociales, los ciegos irían a un colegio público y tendrían el currículum adaptado...
Pero todo eso aquí no pasa, casi nadie paga impuestos y los pocos adelantos en bienestar social casi siempre están respaldados por la ayuda internacional (colegios públicos, hospitales, antipalúdicos, antiretrovirales, carreteras, etc.).
El otro día visité el hospital regional de Amhara, un hospital público para veinte millones de personas. En otras ciudades hay centros de salud (donde, si tenemos suerte encontraremos enfermeros, difícilmente médicos) y en los pueblos hay puestos sanitarios en los que encontramos agentes de extensión sanitaria (personas sin apenas formación que hacen pruebas rápidas del Sida y de la Malaria). El hospital regional tiene un quirófano, varias salas donde se ingresa tanto niños como adultos, consultas externas y un centro de VIH-SIDA. Y ya está. Para veinte millones.
En Valencia se han gastado nosecuántos (ni quiero saberlo) millones de Euros en una nueva "Fe" de diseño innovador y pasillos acristalados. Aquí no hay hospitales para todos. No sé que decir. Así se queda esta entrada. Sólo nos queda pararnos, santiguarnos y rezar.