viernes, 21 de enero de 2011

"How do you get Bahir Dar?"

No hemos abandonado el blog, ni mucho menos, pero ya hemos recibido un par de comentarios pidiendo actualizaciones y finalmente nos hemos puesto frente a la hoja en blanco.
Es un poco raro, pero tenemos la sensación de no tener nada que contar, nada es nuevo y parece ser que nos ha dejado de sorprender la cotidianeidad etíope. Eso es bueno, significa que nos sentimos en casa.
Y para empezar el nuevo año blogero con actitud positiva, os contaremos algunas cosas que tenemos en este país que nos placen, que nos hacen la vida agradable, en definitiva.
Nos gustan los zumos de varios colores de frutas tropicales que en España salen carísimas y saben a agua.
Nos gusta el sol, que no nos falla.
Nos gusta la luna, eso ya lo sabéis.
Nos gusta coger la bici a las cuatro de la tarde y salir de la ciudad, pasear por los campos llenos de vacas y niños pastores y llegar al areopuerto. La vuelta es cuesta abajo y eso también nos gusta.
Nos gusta el tomate que sabe a tomate.
Y que esta semana haya leche en el súper, y pimientos.
Nos gusta estar por las tardes con nuestros amigos hablando de todo un poco y criticando todo mucho.
Nos gusta el Skype.
Nos gusta la huerta que nos ha crecido en el jardín, lo verde que está, los pájaros que vienen a comer papaya.
Nos gustan los niños jugando al fútbol (otra que ya conocíais). La señora que nos vende el agua. El conductor de motocarro que nos grita "¡Marco!". Los niños que nos miran alucinados sin decir nada porque estamos desteñidos.
Nos gusta Etiopía.


Y ya está.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Récords

Sin más preámbulos, pasamos a enumerar nuestras mejores marcas de lo que llevamos de temporada:
  • Camiseta más usada: Ana, 4 días y tres noches (¡eso no posible es!).
  • Cena más temprana: Ana, 16:30.
  • Platos de pasta en una semana: Marco y Ana, ¡7 de 7!
  • Tiempo de espera en restaurante: Marco y Ana, 56 minutos, una lasaña.
  • Cucaracha más grande: 5cm. de longitud.
  • Momento más terrorífico: amiga japonesa conductora novel a punto de llevarse por delante a etíope durmiente.
  • Sudadera más sucia: Marco y Ana con sudaderas sin lavar durante dos meses.
  • Actividad deportiva más mañanera: Marco, fútbol a las 6:00.
  • Tiempo empleado en ver una serie completa: Marco y Ana, mes y medio, Los Soprano (2ª vez).
  • Dinero mejor invertido: Marco y Ana, cine en Addis (30 birr= 1,5€).
  • El traslado más largo: Ana, 280km. en 9 horas.
  • Tiempo de espera desde apertura de grifo a salida de agua: 10 minutos.
  • Situación más desesperante: es como si te preguntan " ¿A quién quieres más, a tu papá o a tu mamá?".
  • Momento más hilarante: Marco, caída por mareo con pirueta en el aire. Arañazos en la espalda por caer desplomado sobre flores (hermosa decoración de interior que venía con la casa).

martes, 7 de diciembre de 2010

Las doce pruebas de Astérix

Para los no iniciados:



Esto es lo que vivimos el lunes en la oficina de inmigración de Addis Abeba. Íbamos mentalizados, no son pocos los libros que hablan de lo tedioso e intrincado de la burocracia en África. Además, Ana ya había vivido en sus carnes una mañana de pasar de la habitación 77 a la 80, de la 80 a la 81, de la 81 a la 77, de la 77 a la 78...
El objetivo que perseguíamos era conseguir el permiso de residencia para un año. Necesitábamos el pasaporte y una fotocopia del mismo, 200 Birr cada uno y una carta de la universidad explicando los motivos por los que íbamos a quedarnos un año en el país.
Tres palabras nos tuvieron en ascuas durante todo el día. Y es que en nuestras cartas ponía que necesitábamos "renovar el visado" por un año en vez de "proporcionar tarjeta de residente" por un año. Y eso se tradujo en 9 horas de espera y papeleos.
De la habitación 78 a la 81, de la 81 a la 95, de la 95 a la calle. A llamar al decano de la facultad, que es el que nos escribió la carta. Y no se le ocurre a su mujer otra cosa que ponerse de parto.
Consecuencias:
Llamada al vicepresidente de la universidad.
El vicepresidente dice que nos firma las cartas pero que las lleve hechas un amigo.
Llamada al amigo.
Dictado de cartas por el móvil. El amigo es coreano, así que imaginen lo complicado de escribir nuestros nombres correctamente.
A comer.
A esperar.
Y esperar.
Y desesperar.
Y llamada al amigo cada cinco minutos.
Volvemos a la habitación 95 a esperar un fax que nos salvará la vida.
Y a esperar.
Y esperar.
Y volver a llamar.
Y las cartas que no están.
Y se acaba el saldo.
Y Marco a la calle a comprar una tarjeta.
Y a llamar.
Y el pobre coreano dos horas en el despacho del vicepresidente.
Y la secretaria del vicepresidente llorando por algo que el coreano no entiende.
Y Ana volviendo a morderse las uñas.
¡Y llega una de las cartas!
Y a esperar a la segunda.
Y llamar al amigo.
Y el amigo que dice que ya la han enviado.
Y no llega.
Y queremos morir.
Pero...¡llega la segunda carta!
Y vamos a la habitación 78, de la 78 a la 81, de la 81 a la 78, foto en el acto (obsérvense las caras de ganas de matar). Y de ahí, a la calle. Pero con nuestra tarjeta de residente. ¡CONSEGUIDO!

Ventajas de tener la tarjeta de residente: los vuelos nos salen a una cuarta parte del precio ordinario y no tenemos que volver a pasar por esta "tortura etíope" otra vez.

Los días que nos quedamos en Addis disfrutamos de las ventajas de la gran ciudad: comer pizza con queso de verdad, desayunar pastelitos, ducharnos con presión, admirar los productos de los supermercados, Marco fue a la pelu (con cómico resultado)... Y volvimos en avión, que ahora nos salía baratito. ¡Pero muy bien, eh! porque nos dieron un paseíto por el país de lo más hermoso. Sin nosotros saberlo nuestro vuelo a Bahir Dar se desvió a Lalibela para dejar a unos blanquitos y recoger a unos negritos. Consecuencia: despegue y aterrizaje extra para Ana, amante de los aeroplanos.








martes, 30 de noviembre de 2010

Los niños del Kebele 13

Los niños del Kebele 13 juegan a que tienen un equipo de fútbol. Uno de ellos es el entrenador, los demás, sentados en un montículo de tierra, le escuchan. Luego calientan, corren todos juntos siguiendo el ritmo marcado por sus palmas, a veces cantan.

Los niños del Kebele 13 juegan a que tienen un equipo de fútbol, pero no siempre tienen balón. A veces nos asomamos y juegan con una pelota de goma medio deshinchada, otras veces con los restos de un balón de cuero que ya ni siquiera es esférico. Otras veces sólo calientan.

Los niños del Kebele 13 han escrito una carta en inglés en la que explican que son un buen equipo pero que no tienen camisetas ni balón. Cuando salimos de casa nos persiguen pidiéndonos dinero o pelotas. Nosotros dudamos. ¿Cuántos balones hemos tenido en nuestra vida? ¿cuántos balones hay guardados en armarios de niños españoles que nunca se utilizan? Pero no podemos darles un balón, porque, como niños que son, pelearán para ver quién se lo lleva.

Pero los niños del Kebele 13 son niños felices, pasan sus tardes jugando con sus amigos al sol, llenándose de polvo, haciendo volteretas. Y si saco la cámara todos quieren ser fotografiados y sonríen.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Mohammed Revolutions

Una llamada telefónica cortó la tranquilidad de aquel martes. "Mohammed Casero" rezaba la pantalla del teléfono móvil. Vuelco al estómago, pero no eran malas noticias. Mohammed llamaba para devolver parte del dinero recaudado un mes y medio antes.
La cita sería el siguiente martes, a las 18 horas en territorio enemigo. Preparados para lo peor y ataviados con su mejor cara de mala leche, partieron nuestros valientes a enfrentarse con el maléfico Casero-Ratero. Algo había sucedido aquella mañana que les hacía sospechar que no iba a ser fácil este nuevo encuentro: Mohammed había llamado pidiendo el antiguo contrato que declaraba la cama y el calentador como propiedad de nuestros héroes.
Puntuales como casi siempre, con el corazón desbocado y ansiosos por volver a su refugio con el dinero, llegaron a la morada de la bestia.
Abrió la puerta su señora esposa, Mohammed no estaba, la tensión se podía cortar con un cuchillo. Los minutos eran eternos. El silencio dolía.
De repente un viento frío atravesó el umbral, allí estaba el ogro. Nuestros protagonistas se levantaron a saludar (nunca perdieron las buenas maneras) y acto seguido comenzó la lucha:
Mohammed (M): - ¿Habéis traído el contrato?
Santos Job (SJ): - Aquí está.
M: - Dejadme verlo.
Haciendo un gesto natural enrolla el papel y lo guarda en su mano.
SJ: - ¿Y tú tienes el contrato con los nuevos inquilinos?
M: - Aquí lo tenéis.
Miradas de complicidad por encima del papel entre nuestros muchachos. Pequeña batalla ganada: los nuevos inquilinos pagan 1000 Birr menos al mes.
SJ: - Todo en orden.
Aunque bien saben que les están timando unos días. Pero el ratero es el casero, no ellos.
SJ: - Ahora danos lo nuestro.
M: - Tomad.
Recuento de billetes satisfactorio. Qué agradable sensación la de recibir y no dar.
SJ: - OK. Nos vemos.
Caminan los tres hacia la puerta. Mohammed sigue en posesión del contrato.
M: - Entonces, ¿hemos terminado?
SJ: - No, no hemos terminado.
M: - ¿Por qué?
SJ: - Danos nuestro contrato.
Como bien recordarán los lectores, Mohammed y Santos Job tienen una cita en los tribunales a causa de la apropiación indebida por parte del primero de la cama y el calentador anteriormente mencionados.
M: - No.
Tira y afloja (literal) entre la Damisela Levantina y el Orondo Africano aferrándose a cada extremo del papel como si les fuera la vida en ello. Interviene entonces el Guerrero Numantino (GN).
GN: - Ok. Danos el contrato.
Con mirada de odio que hace temblar hasta a la Damisela Levantina.
M: - Ok.

El Orondo Africano, el Casero-Ratero, Mohammed, había sido derrotado. Esa noche, al menos, no dormiría tranquilo.

Cae el sol tiñendo el aire de tonos malva y nuestros héroes regresan jubilosos a palacio.
¿Será este el final de tan ardua aventura? Sólo el tiempo lo dirá.

martes, 23 de noviembre de 2010

¿La historia "terminable"?

Por fin llegan a sus pantallas las terceras entregas de nuestras dos trilogías:

El calentador indomable III. La última tangada.

Domingo 21 de noviembre, 7.30 am. Suena la alarma. Marco y Ana se van al centro a conseguir un nuevo calentador. Vanos habían sido los intentos de reparación del antiguo aparato, la guerra estaba perdida. Tirando de sus contactos bahardarianos, se hacen con un artilugio de fabricación italiana que ha pasado los test de calidad de la CEE a un precio razonable.
9.30 am. Llamada al técnico instalador (el hombre de la bolsa de plástico). Se acuerda cita A.C. (After Church*).
10.00 a 16.00. Church. Se oyen los cánticos desde el hogar.
A.C. Llegada del técnico. Montaje complicado (el hombre se muestra inexperto en el campo). Tras una hora de pelea con los cables, todo parece en orden.
Martes 23 de noviembre. 19.24 pm. El agua sigue saliendo caliente.
Podríamos llamarlo final feliz.

* After Church: Después de misa.


Mohammed Revolutions


Rencor

Odio

Dinero

Violencia


La tercera parte de la historia del casero-ratero (recordad que también somos poetas).
Próximamente.